
Como respuesta al deseo del Papa Benedicto de conmemorar el próximo año como "EL AÑO DE SAN PABLO", hemos hecho hincapié a esto en cada número del boletin con una pregunta de "101 Questions & Answers on Paul”, por Ronald D. Witherup SS.
¿Por qué usa San Pablo la idea de hacerse “esclavos de Cristo”? ¿No es eso una violación de nuestra libertad personal?
No lo es en la manera como San Pablo lo piensa. Debo de hacer ver que la palabra griega que San Pablo usa para esclavo (doulos) también significa servidor. Algunas traducciones intercambian esas palabras. San Pablo se siente orgulloso al llamarse un “esclavo de Jesucristo” (Rom 1:1, o “siervo”; véase Fil 1:1, 1 Cor 7:22), y esa palabra también la aplica a sus colegas (Col 1:7; 4:7, 12). San Pablo considera la esclavitud a Cristo como una experiencia de las más liberadoras porque uno no necesita preocuparse por cumplir las prescripciones de la ley. Esclavitud a Cristo significa una devoción decidida a la voluntad de Dios revelada en Jesús. Esta devoción también incluye el hacerse “esclavos” o “servidores” de los demás (1 Cor 9:19; 2 Cor 4:5). Implica el escoger entre regresar a una servidumbre real a las maneras antiguas o una “servidumbre” nueva y liberadora a los nuevos caminos revelados en Jesús.
Sabido es que si se ofrecen a alguien como esclavos y se someten a él, se convierten en sus esclavos: esclavos del pecado, que los llevará a la muerte o esclavos de la obediencia a Dios, que los conducirá a la salvación. Pero, gracias a Dios, ustedes que eran antes esclavos del pecado, han obedecido de corazón la doctrina que les ha sido transmitida, y liberados del pecado se han puesto al servicio de la salvación.
(Rom 6:16-18)
La esclavitud no es una restricción a la libertad personal sino un compromiso libremente hecho a Jesucristo y a todo lo que él exige. El unirnos a Jesucristo como sus esclavos o servidores paradójicamente nos libera para servir más ampliamente a los que nos rodean. (véase: la misma enseñanza de Jesús en Mat 20:26-28).
Protegidos por los derechos de autor (c) 2003 por Ronald Witherup, SS, Paulist Press, Inc., New York/Mahwah, NJ. Impreso con permiso de Paulist Press, Inc. www.paulistpress.com
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La Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia
Propuestas del Sínodo
Cackie Upchurch
Durante tres semanas, en octubre de 2008, 245 obispos de todo el mundo se reunieron en Roma por invitación del Papa Benedicto XVI. Su tarea era examinar cómo la Palabra de Dios se hace vida en la iglesia por todo el mundo, y proponer maneras en que estos esfuerzos puedan ampliarse, afinarse y mejorarse.
Después de meses de preparación, los obispos llegaron de todos los continentes de la tierra con 230 propuestas. Éstas fueron materia de diálogos serios, de atención cuidadosa por parte de grupos de trabajo, y de muchos momentos de oración. La lista de las propuestas formales o proposiciones fue presentada al papa el último día del Sínodo. El resultado es un grupo de 55 propuestas (véase www.usccb.org/synod para una lista completa y una breve explicación de cada una en inglés). Estas propuestas relacionan la Palabra de Dios con la fe de la iglesia, con la vida de la iglesia, y con la misión de la iglesia.
Aunque la reunión del Sínodo de Obispos se haya terminado, el verdadero trabajo sólo empieza. La forma en que la iglesia responderá a las propuestas y la manera en que las incorporará en sus diferentes esfuerzos catequéticos, litúrgicos y evangelizadores se manifestará en los próximos meses y años. Vamos a considerar aquí algunas de esas propuestas.
El Segundo Concilio Vaticano enseñó que el acceso a la Sagrada Escritura debe ser ampliamente difundido entre los fieles cristianos (Dei Verbum 22). En el nivel práctico, los obispos que participaron en el Sínodo desean poner la Biblia en manos de todos los fieles con cooperación de las diferentes sociedades bíblicas en todo el mundo así como también con la Federación Bíblica Católica. Traducciones que son fáciles de leer y en las que se puede confiar se pueden conseguir fácilmente, bien sea impresas o por otros medios pero no siempre están disponibles debido a dificultades financieras o educativas. ¿Cómo puede tu grupo de estudio Bíblico ayudar en este esfuerzo en tu propia comunidad local?
Varias de las propuestas tratan del respeto que se debe dar al significado histórico de la Sagrada Escritura, pero al mismo tiempo procurar leer el texto como creyentes en búsqueda de la verdad que Dios desea comunicarnos. El estudio bíblico debe ser fiel a ambas dimensiones para cuidarnos de una lectura simplista o fundamentalista de la Escritura. Se anima la unión de una erudición sólida con una escucha auténticamente orante. Este proceso tiene lugar dentro de homilías bien planeadas, en los grupos de estudio bíblico que enfatizan la lectura orante y a la vez cuidadosa, y en otros procesos catequéticos a nivel parroquial.
Las propuestas que tratan de la misión de la iglesia a una escala más amplia en el mundo, aclaran que el amor por la Palabra de Dios llevará naturalmente hacia el amor a toda la creación de Dios, y en particular a un compromiso con el mundo y sus habitantes. No se puede servir a la misión de la iglesia si los que aman la Palabra de Dios no aman también al pueblo de Dios de una manera tangible.
Al empezar a comprender la amplitud de las propuestas, necesitamos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo nos moldea la Palabra de Dios personalmente y como miembros de una comunidad de creyentes? Y ¿con qué fin?” ¿Cómo nos prepara la Palabra de Dios para la evangelización, para construir el reino de Dios con justicia y paz y con atención especial hacia aquellos que están necesitados?
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Todos los días Dios interviene
sutilmente en nuestro vivir.
1 Tes 5:1-26
Macrina Wiederkehr, OSB
Para cada uno de nosotros hay un “día del Señor” cuando Dios se hace presente en nuestra vida de una manera inesperada.
Detengámonos un momento para pensar en lo que ha significado la frase día del Señor para nuestros antepasados en la Biblia. Cuando se usa esta expresión generalmente es para resaltar los hechos que van a suceder en un tiempo desconocido cuando Dios interviene en la historia a fin de llevar a cabo el plan divino para los seres humanos. Es un día de limpieza y purificación. Como frecuentemente el lenguaje que se usa para describir el día del Señor, está lleno de visiones espantosas y de imágenes extrañas, es comprensible que haya llegado a ser un día de terror (véase Isaías 7:18-25; Amós 5:18-20; Joel 1:15-18).
En el Nuevo Testamento el día del Señor con frecuencia se iguala a la segunda venida de Cristo y se entiende como un momento de juicio. Jesús nos dijo enérgicamente que nadie sabe cuando tendrá lugar este día. Sin embargo, lo que sí se nos dice es que será repentino.
Llegará cuando menos lo esperemos, por lo tanto debemos estar siempre vigilantes. El llamado a estar siempre listos debe ser también un punto central en tu oración sobre la primera carta de San Pablo a los Tesalonicenses.
El estar vigilante en tu vida es vivir de tal manera que estés siempre listo/a para la vida del Señor. Este vivir vigilante es en sí mismo una oración poderosa. Piensa en el día del Señor como un evento que sucede todos los días de una manera pequeña. Dios interviene en tu vida todos los días. ¿Qué tal si al fin del día repasas lo que ha sucedido y cuentas los momentos en que Dios te ha visitado? Si pudieras vivir con tal vigilancia, empezarías a ver con nuevos ojos el día del Señor.
En este pasaje bíblico, San Pablo nos habla como a creyentes, por lo tanto nos recuerda que somos y hijos y hijas de la luz y del día. Tal recuerdo es como una medicina buena. Abre los ojos. El camino que sigues está lleno de luz. Tu meta es simplemente vivir en la luz—vivir como alguien que está despierto.
Tu tarea es estar vigilante, sobrio, lúcido y consciente. Pon atención a las visitas diarias de Dios. Anticipa todo lo bueno que puede ocurrir en cada nuevo día en lugar de temer lo que quizá nunca pase. Una actitud positiva nos puede ayudar a modelar nuestros días.
San Pablo también nos anima a revestirnos de ropa de fe, esperanza y amor. Por lo tanto revistámonos como personas listas para el viaje luminoso de cada nuevo día recordando que lo que más importa no es la ira de Dios; sino nuestra salvación. Dios nos desea, anhela estar con nosotros. Tanto en la muerte como en la vida, es al Dios Santo a quien pertenecemos. Si todos pertenecemos a este Dios que no vemos, entonces también nos pertenecemos unos a otros. Debemos de entregar nuestro corazón al cuidado de unos por otros, apoyándonos y animándonos en el amor.
Quizás el verdadero día del Señor será cuando nos demos cuenta y estemos conscientes de quiénes somos y a quién pertenecemos. Cuando seamos capaces de expresar con entusiasmo: “Sí”, y vivir en unión radical con Cristo, seremos capaces de iluminar el camino de unos y otros para nunca jamás caminar en la oscuridad.
Para terminar sus enseñanzas, San Pablo nos suplica que respetemos a los que tienen autoridad sobre nosotros. Podríamos añadir la responsabilidad de rezar por nuestros maestros. Los que están tratando de guiarnos con frecuencia son tan imperfectos como nosotros y por eso si algunas veces pierden nuestro respeto, que nunca pierdan nuestras oraciones. Santa Juana Francisca de Chantal nos recuerda: “Todos somos capaces de las faltas de unos y otros”.
En cuanto a los últimos consejos de San Pablo, cada uno de nosotros debería inscribirlos en nuestro corazón. El Dios de la paz nos santifique para que aprendamos a vivir juntos en armonía. Nuestra paciencia y apoyo cariñoso por unos y otros sea tan claro que nuestra vida se derrame con gratitud. Fomentemos con alegría la llama del Espíritu que arde en todo corazón.
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Lecturas Recomendadas
Tomás Bissonnette
Mientras se aproxima la Pascua podamos repasar los siglos que la Biblia nos cuenta hacia el hecho decisivo de la Resurrección. Por eso quisiéramos recomendar Bibliograma. Historia del Pueblo de Dios (40 hojas plegadas, Verbo Divino, Estella, España) por Hermán J Pereda. No es exactamente un libro. Tampoco es cualquier línea histórica. A través de hojas plegadas el autor ubica todos los libros de la Biblia juntos con sus más significantes acontecimientos en su contexto histórico así para acompañar nuestra lectura de la Biblia. Los cuadros ubican los eventos bíblicos en su orden histórico juntos con sus respectivos gobernantes judíos y paganos, personajes claves en estos eventos, también altos y bajos del reino de Israel. Hay indicaciones de cuando cada libro bíblico fue escrito. Se notan acontecimientos claves históricos que ocurrieron fuera de territorios bíblicos. Según el territorio político cambia, unos 14 mapas aparecen. El lector puede apreciar el conjunto de todos estos temas en una misma hoja. Hay planos especiales para los libros no históricos, Génesis, capítulos 1 a 11, y Apocalipsis. Viene en todo color.
Yo encuentro Bibliograma útil cuando, por ejemplo, se me olvida cuál profeta sigue al otro y si había predicado al norte o al sur de Israel o Judá. El Bibliograma me hace ver el momento aproximado en que apareció el profeta, los temas de su predicación, quien reinaba, y otras naciones que jugaban papel en esa historia.
Hacemos camino al andar (69 páginas, San Pablo, Bogotá) por Carlos Mesters nos hace ver que los Diez Mandamientos no son reglas para ordenar un mundo que Dios había creado u obstáculos que se debe evitar para ganar un cielo futuro. Sino son herramientas que Dios Libertador nos regala para que avancemos conquistando esa libertad que Dios no sólo nos promete, pero que sigue promoviendo a pesar de nuestros pecados. Sólo avanzaremos en esta lucha penosa y constante bajo el tutelaje de los Diez Mandamientos.
Mesters reflexiona en torno a cada Mandamiento, empezando con el contexto egipcio, notando los abusos que requería tal mandamiento. Luego Mesters reflexiona las situaciones o contextos de hoy que piden el cumplimiento del mismo Mandamiento.
Bibliograma disponible con Ministerio Verbo Divino, Tel: 909.383.9030 Hacemos camino y Bibliograma disponibles con Librería Gethesemaní, Tel: 323.262.7904
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De la Directora
Cackie Upchurch
En esta Cuaresma, el decaimiento en la economía nos da algo de “ayuda” externa para simplificar nuestra vida. Con menos entradas, muchos están pensando seriamente dónde gastar su dinero. Tenemos que examinar la diferencia entre necesidades y gustos. Con menos seguridad en el trabajo, algunos están pensando no sólo cómo pagar los recibos sino también cómo ver su propio valor personal.
El mensaje del evangelio es claro: si estamos creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1:27), si valemos más que una bandada de gorriones (Mt 7:26), y si Dios nos amó tanto que envió a su Hijo único (Jn 3:16), entonces nuestro valor personal no puede medirse por las entradas que recibimos, ni por los logros que alcanzamos ni por el trabajo que desempeñamos. Nuestro valor personal tiene sus raíces en la presencia de Dios con nosotros en cada situación.
Ahora es el momento cuando nuestra iglesia nos recuerda la oración y el ayuno y la limosna – esencialmente, la iglesia nos llama a dejar a un lado lo falso de nosotros y a encontrar nuestra verdadera identidad. En este clima económico, necesitamos recordar más que nunca quiénes somos y de quién somos.
Se nos da la oportunidad de SER iglesia.
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